lunes, 27 de abril de 2015

Cuando el narco destruye tu infancia.

Hola camaradas, cuando escribo esta entrada les diré mi entorno: sigo siendo estudiante de 20 años y mi familia viene de algún municipio del estado de Veracruz por lo que siempre me he visto muy conectado al estado. El punto de esta entrada es mostrarles hasta que punto el efecto Calderonazo de la guerra contra el narcotráfico afecta a un civil, un wey normal de la sociedad mexicana. 
Desde hace unos años me veo rodeado de malos pensamientos debido a toda la situación del crimen organizado en la que se encuentra todo México (obviamente excluyo a ese 1 o 2% de mirreyes mexicanos que viven en otro país, en otro pedo indiferente). Sobretodo por el hecho de que el narco atacó, y lo sigue haciendo, algo que sentía que era impenetrable: mi infancia. Pero fue en estos días cuando realmente sentí que debía escribirlo aquí. 

Y es que hace unos cuantos días mi madre fue por X motivo a Veracruz, ciudad en donde pasamos muchos buenos momentos (y muchos malos también) junto con mi abuela. Cuando me dijo Veracruz ya no pensé inmediatamente en los momentos que pasaba mi abuela junto al malecón o la playa donde podía jugar durante horas yo solito. No, eso ya no lo puedo hacer. Lo primero que viene a mi mente es una imagen del 2011: son 12 cadáveres que se encuentran en dos camionetas de redilas y en el pavimento de una de las rotondas de la ciudad que está en un paso a desnivel, en donde está una estatua de los voladores de Papantla.

Los doce muertos fueron noticia del momento ya que el hecho ocurrió a plena luz del día en una de las zonas más concurridas de la ciudad. Hasta el I.M.S. los llega a mencionar en su canción "México". A partir del 2009 inició una de las etapas con más violencia que vivió la Guerra contra el narcotráfico y hasta el año de esta entrada, 2015, no se le logra ver un fin. Los muertos de Veracruz llegaron hasta la portada de la edición de Proceso de esa semana con un artículo de investigación en torno al hecho; cabe mencionar que esa misma edición sufrió una compra masiva por parte de agentes del gobierno del estado para sacarla de circulación según denuncias hechas y publicadas por la misma Proceso posteriormente. Actualmente no puedo pasar por esa calle sin pensar en la tétrica imagen. Era un lugar que me gustaba mucho sobretodo por la estatua y porque un tarde nublada mi abuela iba regañando a mi mamá en el coche por regañarme a mi, mientras pasábamos por esa misma calle. Pero literalmente, el narco, me jodió el recuerdo.
Podría decirse que la asociación directa de imágenes violentas con lugares significativos para uno es un efecto indirecto de la hasta ahorita fallida guerra. Nuestro ex-presidente etílico, Felipe Calderón, quiso jugar a los soldaditos y a la guerrita con todo un país y lo hizo perjudicando a toda una nación sin distinción de estados, edad, clase y religión. Cabría preguntarse cuales son los efectos que tiene esta mediatizada y llamativa guerra en los niños que actualmente la viven. Es decir, el narco me jodió mi infancia pero cuando tenía una edad, nada despreciable, de 17 años; digo ya sabía que pasaba en el mundo, había vivido cosas un poco crudas y cosas por el estilo. Pero sería bueno investigar que pasa con los niños jarochos, que cuando tenían once años, vieron esa imagen; igual con los niños que ahora tienen diez, doce años y les tocó la crisis Ayotzinapa más un sinfin de casos de secuestros, balaceras, etcétera. ¿Qué nos espera si toda la sociedad se encuentra tan acostumbrada a un ambiente tan violento?

Sin más deseos que el que se pongan a pensar esa pregunta y otras más que ustedes se formulen, me despido.
En plena hora pico dejaron los cuerpos.

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